Último adiós a Boris Romanchenko. Varios vecinos encuentran su cuerpo sin vida en un edificio de Járkov. El anciano, de 96 años, había sobrevivido a cuatro campos de concentración, pero no ha podido resistir los bombardeos rusos. Era un símbolo de la resistencia. Siendo adolescente sufrió las torturas de Buchenwald y ahora, de anciano, la desolación de ver a su país destruido.

Romanchenko se negaba a abandonar el edificio donde residía. Pero a la guerra le dan igual las vidas de las personas y las bombas acabaron con su vida y la de miles de ucranianos.

Sorprendentemente, entre la devastación se encontraron a personas vivas. Como esta señora, que resiste en su casa sin agua, luz, ni nada que llevarse a la boca. «Soy una pensionista, que voy a hacer», pregunta mientras observa un panorama desolador, donde apenas quedan ya restos del edificio.

Los vecinos quieren rendirle un humilde homenaje. Llevan su cuerpo hasta la morgue más cercana para que tenga un final digno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.