Todo empezó en diciembre de 2019, cuando un nuevo coronavirus amenazaba a China y obligó al mundo entero a mirar allí. Aquello entonces se veía lejos hasta que en febrero llegó a España con un mensaje bien distinto al inicial: el Sars-Cov-2 no era una gripe, era algo nuevo y mucho más letal. 

Dos años después, 10 millones de personas (que se sepa) se han contagiado en España y más de 100.000 han perdido la vida a causa de una enfermedad sobre la que aún hoy existen infinidad incógnitas. Seis olas después, millones de dosis mediante, la vida no es la misma y el virus tampoco. 

1º ola: el encierro

El Gobierno paralizó el país el 15 de marzo de 2020. Pedro Sánchez decretó el estado de alarma y, con él, empezó un encierro que duraría meses y que trajo consigo una nueva rutina: la de los aplausos a las ocho, las videollamadas, los guantes, el gel y las mascarillas, y el seguimiento diario de la curva. Los datos que se extraen de aquella época (de marzo a junio) no son una muestra real de lo que se vivió entonces. Los centros de salud estaban cerrados y las pruebas diagnósticas solo se hacían en hospitales, esos lugares a los que solo acudían quienes estaban realmente enfermos. De hecho, la saturación hospitalaria era tal que muchos de ellos ni llegaron.


Pedro Sánchez habla por videoconferencia con el resto del Gobierno.

En tres meses, Sanidad notificó 247.486 positivos en covid, un dato muy inferior al resto de olas. Algo similar ocurre con los decesos: 28.330 personas murieron en UCI, casas o residencias, uno de los lugares más castigados. Sin embargo, el exceso de mortalidad que reflejan los registros civiles no concuerda con las cifras de Sanidad. Esto se produce casi íntegramente en esta ola, la primera, cuya letalidad fue tal (llegaron a morir 900 personas al día) que el Gobierno tuvo que habilitar el Palacio de Hielo como morgue. Fue la ola del desconocimiento, del desbordamiento hospitalario, de las despedidas sin adiós y de los ERTE. Del dolor y del parón mundial.

2º ola: la nueva normalidad

Unos meses después, ya en mayo, España empezó a salir de su letargo. Llegó la época de los paseos, de las salidas escalonadas por hijo, runner y perro, y hasta de la reapertura de bares. Se respiraba de nuevo. Había una sensación generalizada de optimismo, parecía que lo peor se había dejado atrás, pero en verano, con los españoles disfrutando de las vacaciones más atípicas de su historia, Sanidad comenzó a registrar un goteo de casos constante. 

DATOS DE TODA LA PANDEMIA

  • Día con más muertos: 849 decesos el 31 de marzo 2020.
    ​Día con más contagios diarios: 12 de enero de 2022 con 179.125 casos en 24 horas.
    ​Fin de semana con más casos: el 3 de enero con 372.766 en tres días.
    ​Récord incidencia: 21 de enero con 3.418 casos
    ​Dato de vacunación: 91% de la población mayor de 12 años cuenta en febrero de 2022 con pauta completa.

Es difícil determinar el inicio de la segunda ola porque la incidencia volvió a subir el 26 de junio aunque muy lentamente y de forma progresiva. En realidad, no fue hasta el 9 de octubre cuando escaló sin freno. El 5 de noviembre, tocó techo y se disipó el 11 del mes siguiente con 1.483.089 personas contagiadas y 19.294 muertos. En esa época, las restricciones por comunidades ayudaron a frenar una escalada aún mayor de la curva. La siguiente preocupación de todos era: ¿qué va a pasar con las navidades?

3º ola: Navidad

La esperanza llegó el 27 de diciembre de 2020 a España con la dosis que marcaría un antes y un después en la pandemia: la de Araceli, la primera mujer en recibirla. Sanitarios y mayores, los más desprotegidos ante el ataque del Sars-Cov-2, recibieron con ilusión el pinchazo. Ahí empezaba una campaña de vacunación fundamental para ganarle la batalla al virus y que aún hoy no ha acabado.

Tras las navidades más agridulces de todas (sin besos, con ventilación y mascarillas…), la curva de contagios empezó a ascender y no sería hasta el 28 de enero de 2021 cuando volvió a bajar. En febrero se disipó dejando tras de sí 1.475.541 positivos y 25.169 fallecidos más. La relajación durante esas Navidades la convierten ya en la segunda ola más letal por detrás de la primera. 

4º ola: la «olita»

Es la más difícil de determinar porque fue, con diferencia, la más leve, de ahí que Fernando Simón, por entonces coordinador de alertas sanitarias, la calificara de «olita». Su inicio se puede situar en el 17 de marzo, el techo lo alcanzó el 26 de abril y el 22 de junio se disipó, aunque, como se ve en las gráficas, apenas asciende porque la incidencia siempre estuvo bastante baja. 

Coincidió en tiempo con la vacunación masiva a grupos de más edad. En ese periodo se notificaron 562.575 nuevos contagios y 7.926 fallecidos. Esa cifra puede ser incluso inferior porque del 22 al 26 de marzo hubo anomalías importantes en el dato de fallecidos notificados, que previsiblemente eran de fechas anteriores. Por fecha de defunción, en ese periodo murieron 3.781 personas a causa de la covid.

5º ola: la joven

En junio de 2021, unas semanas después de que decayeran el estado de alarma y el toque de queda, volvió una vieja conocida: una nueva ola, la quinta. A esta, en concreto, se la conoce como la ola «joven» porque la incidencia se situó, sobre todo, en el grupo de 20 a 29 años, precisamente los que aún estaban sin vacunar. La relajación de restricciones y el buen tiempo animaron las calles, donde se celebraron botellones multitudinarios. Esta ola se inicia el 23 de junio, baja a partir del 28 de julio y concluye el 14 de octubre tras 1.213.447 y 6.198 muertes.

En esta ya se empiezan a notar los efectos de la vacunación porque la letalidad es inferior a las de olas anteriores. Se situó en el 0,2% por cada 1000 diagnosticados. De promedio en toda la pandemia se situaba en el 1,7%, más de ocho veces superior. De hecho, la edad media de los fallecidos disminuyó hasta los 80 años, seis menos que un año antes. 

6º ola: ómicron

En octubre de 2021, Sudáfrica tenía un mensaje para el mundo: había detectado una nueva variante. A esas alturas, tras infinidad de mutaciones del coronavirus original, eso no era una novedad, pero sus características la convertían en una posible amenaza. Era mucho más contagiosa y transmisible, aunque en principio menos letal. Casi todos los países de Europa empezaron a registrar incidencias nunca antes vistas en cuestión de días. En España tardó en llegar, pero finalmente lo hizo en noviembre, cuando los contagios empezaron a subir de forma lenta pero sostenida, aunque no fue hasta diciembre cuando, tras un puente de la constitución sin apenas restricciones, la situación explotó.


Un sanitario alrededor de un paciente ingresado en la UCI, en una imagen de archivo.13 ENERO 2022;COVID;CORONAVIRUS;HOSPITALIZADOS;INGRESADOS;UCI Eduardo Parra / Europa Press 13/1/2022

La ola de ómicron, que también es la de los test caseros, la de los niños y la de los récords incuestionables de incidencia y contagios, despegó a finales de año y ya es a día de hoy la que más casos ha notificado hasta la fecha, con más de 5 millones de personas infectadas. El mayor pico se notificó el fin de semana de Año Nuevo, con casi 400.000 contagios registrados en tres días, aunque la incidencia siguió escalando posiciones hasta el 21 de enero, cuando alcanzó los 3.400 casos.

En cuanto a la mortalidad, ya supera la de las dos olas anteriores porque, por estadística, a más contagios, más muertes. Su magnitud solo es comparable a la de la tercera ola, aunque las dos están muy distanciadas en número de muertos y en contagios. En la tercera ola, con una cuarta parte de positivos diagnosticados, moría el 1,7 % de los infectados. Ahora, se ha reducido al 0,5%. 

Aún así, la sexta ola ha llegado a dejar 400 muertes al día (incluso 600 un lunes), una cifra escalofriante. Esto se traduce en más de 13.000 decesos en cuestión de tres meses, un dato que seguirá subiendo porque la sexta ola aún no ha acabado.

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