Entre Kiev y Moscú hay 862 kilómetros por carretera, pero la distancia, ya de por sí larga en lo físico, también es inmensa todavía en la parte negociadora para parar la guerra. Rusia y Ucrania siguen hablando, pero lo hacen sin resultados tangibles y en pleno de una ofensiva del Kremlin que mantiene toda su expresión cruel, ahora cada vez más centrada en las grandes ciudades. Las partes, dada la dificultad para los contactos, mantuvieron este lunes una cuarta reunión, pero por videoconferencia. En la agenda, más altos al fuego -aunque la mayoría hasta ahora se han incumplido- y un cara a cara entre Volodímir Zelenski y Vladimir Putin.

El canal de comunicación, en todo caso, se mantendrá abierto y las delegaciones se han emplazado a un nuevo cónclave este martes. Mientras, estudiarán «detalles técnicos», según aseguró el asesor ucraniano Mijail Polodiak. Lo que pretende Zelenski es verse con Putin, donde sea y cuando sea, para elevar las conversaciones al máximo nivel. Los precedentes no solo muy halagüeños: la reunión en Turquía de la pasada semana entre los ministros de Exteriores de ambos países solo sirvió para evidenciar el estancamiento de la situación.


Un edificio y un coche destrozados por un misil ruso en Kiev, el 13 de marzo de 2022.

«Ahora que el ocupante todavía está en nuestra tierra, debemos vencerlo lo mejor que podamos. Para proteger las ciudades, para proteger los pueblos, para proteger cada metro de nuestra tierra. Y cada parte de nuestro corazón y alma ucranianos», expresó Zelenski, que además insiste en que Rusia sigue «acumulando material» para mantener el ataque contra la soberanía ucraniana. «Es una amenaza a nuestra forma de vida, a nuestro espíritu y a nuestro Estado», terminó el presidente ucraniano.

En una dualidad de mensajes que ambas partes lanzan al exterior, los bombardeos a varias ciudades ucranianas siguen siendo constantes, sin vistas a una pausa cercana y agravando la situación en el terreno. En la madrugada de este domingo se produjo el tercer ataque de los últimos días contra instalaciones militares en el oeste de Ucrania, acercando el conflicto a la frontera con la OTAN. La Alianza, en cambio, mantiene la calma. Insiste en que no cuenta con personal desplegado en Ucrania e incide en que su consenso es «defensivo», por lo que no está en sus planes entrar en el país pese a los avisos que llegan desde Kiev.

«Es cuestión de tiempo antes de que los misiles rusos caigan en su territorio, en el territorio de la OTAN, en los hogares de los ciudadanos de los países de la OTAN», sostuvo en un vídeo el propio Zelenski. tras el ataque a un centro militar a 25 kilometros de la frontera polaca. En este bombardeo de más de treinta misiles han muerto 35 personas y hay más de 130 heridos, según fuentes ucranianas. En las cabezas de mucha gente siguen pululando las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en las que dijo que los aliados tienen «la obligación sagrada» de defender su territorio llegado el caso. Esa obligación, de momento, no se da.


El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, en Moscú, Rusia.

Por su parte, el Gobierno de Zelenski asegura que los muertos en el asedio a Mariúpol ascienden a 25.000. También en las ciudad prorrusa de Donetsk, al este del país, se están viviendo bombardeos del Ejército ucraniano. Las autoridades de la autoproclamada República Popular de Donetsk denunciaron este lunes la muerte de 16 personas en un ataque con misiles contra el centro de la ciudad. El líder de la administración de Donetsk, Denis Pushilin, eleva los fallecidos a 20 el número de muertos y agrega que otras nueve personas han resultado heridas. «Hay niños entre los muertos», sentenció. Mientras, Naciones Unidas tiene registrada ya la muerte de al menos 636 civiles en Ucrania, entre ellos 46 niños, y más de 1.125 heridos.

En cuanto a la respuesta de Occidente, la UE ya tiene listo el cuarto paquete de sanciones contra Rusia, que incluirá nuevos nombres de oligarcas (entre ellos el de Roman Abramovich, ya sancionado por EE UU y por el Reino Unido) y también medidas contra el comercio de bienes de lujo, un asunto sobre el que Italia y Bélgica han tenido siempre reticencias. En el caso de Europa, la vía diplomática sigue liderada por Emmanuel Macron, que ha sumado al canciller Olaf Scholz a la causa y que se mantiene pesimista sobre la deriva de Putin. Rusia insiste en que va a mantener sus objetivos. Ante esto, Kiev ya ha vuelto a pedir a Estados Unidos más sanciones contra Moscú y mantiene como una de sus principales demandas que se apueste por una zona de exclusión aérea.

En cuanto a la situación humanitaria, los corredores se han reabierto un día más en varios puntos del país, aunque con el temor a que ese alto el fuego obligatorio se rompiera, como ya sucedió en ocasiones anteriores. La cifra de refugiados que han salido ya de Ucrania supera los 2,6 millones de personas, según los datos de Acnur, que además alerta de que dentro del país todavía quedan alrededor de tres millones de personas en situación de vulnerabilidad. Todos los frentes por tanto siguen abiertos: el bélico, el diplomático, el humanitario y el geopolítico. Y unos encuentran peores fines que otros.

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