En una guerra hay bastiones que son elementos clave para el invasor y también para la resistencia. Eso es lo que está ocurriendo entre Rusia y Ucrania, y Vladimir Putin dio este viernes un paso más con los primeros bombardeos sobre Leópolis, una ciudad hasta ahora relativamente tranquila y que representa el último gran bastión para Volodimir Zelenski. De hecho, era la urbe que el Gobierno ucraniano mantenía como capital alternativa si en algún momento caía Kiev. El asedio, por lo tanto, ya es total y los misiles contra la ciudad se habrían enviado desde un submarino en el Mar Negro.

En este sentido, las autoridades ucranianas confirmaron la destrucción de una planta de reparación de aviones situada cerca del aeropuerto de la ciudad de Leópolis, ubicada a unos 50 kilómetros de la frontera con Polonia, en una serie de ataques por parte de las fuerzas rusas. «Varios misiles han impactado en la planta de reparación de aviones. El edificio ha sido destruido», ha manifestado el alcalde de la ciudad, Andri Sadovi, en un mensaje en Telegram. Asimismo, ha dicho que el trabajo «había sido detenido por adelantado y no hay víctimas».

Leópolis, con más de 700.000 habitantes, está considerada la «Barcelona de Ucrania», una ciudad llena de vida y con actividad social todos los días. Hasta que ha llegado la guerra. Tanto ucranianos como extranjeros viajaban a esta zona a pasar el fin de semana, a disfrutar de las cafeterías locales con sus famosos pasteles (plyatsyky) y a tomar una taza de café en esta urbe situada a 30 kilómetros de la frontera. Ya no.


Varios misiles han impactado este viernes por la mañana en una zona cercana al aeropuerto de Leópolis, una ciudad al oeste de Ucrania a apenas 70 kilómetros de Polonia.

El esquema bélico ruso parece claro, y los avances se dan ya por todos los frentes. ¿Por qué? Porque además de asediar Leópolis, atacaron directamente uno de los mayores mercados de Europa del Este, en la ciudad de Jarkov, donde se produjo un importante incendio, según informó el Ejecutivo de Zelenski. «Durante la extinción del incendio, el enemigo disparó nuevamente, durante el cual dos rescatistas recibieron numerosas heridas de metralla. Fueron enviados de inmediato a un centro médico. Uno de ellos murió a causa de sus heridas durante la hospitalización», añadieron.

Por otro lado, el gobernador de la provincia separatista de Lugansk, Sergii Haidai, anunció que el Ejército ruso estaría tratando de «tomar» la zona de Rubizhne y Severodonets y al mismo tiempo que preparan ya un corredor humanitario para el próximo 20 de marzo. Así, ya este jueves salieron más de 3.800 personas por ocho corredores abiertos, de nueve previstos. Rusia también enumeró en 300.000 refugiados, cerca de 65.000 niños, los llegados desde territorio ucraniano hasta las regiones prorusas de Donetsk y Lugansk. Precisamente en Donetsk las autoridades denunciaron la muerte de cuatro civiles a manos de las tropas ucranianas.

Otra de las obsesiones de Putin es Odesa. La perla del Mar Negro podría ser un tanto casi definitivo para Moscú porque cierra la salida marítima y una ocupación de esa ciudad dejaría a Kiev a merced totalmente de las fuerzas rusas, minando ya casi del todo su feroz resistencia. La urbe, por ahora, aguanta a pesar de la llegada de buques rusos en las últimas horas y el inicio de los bombardeos. Precisamente en la capital, las autoridades han denunciado la muerte de un civil y otros 20 heridos en otro ataque ruso.

En ese aguante, hasta ahora elogiado por Occidente y que parece haber descolocado las estrategias primigenias de Rusia, Zelenski avisó de que no puede «desvelar los planes de defensa» de Ucrania «ni las tácticas de negociación». Esa vía diplomática sigue abierta, pero no se han dado más detalles del borrador en el que se acordaba la neutralidad ucraniana. «No es el momento de revelar nuestras tácticas de negociación. Negociaciones por la paz, la soberanía, la integridad territorial de nuestro estado, nuestra libertad. Trabajando en silencio, más que en televisión, radio o Facebook. Creo que esto es lo correcto», comentó el presidente.

Los refugiados siguen cruzando hacia Polonia, Rumanía o Moldavia

El conflicto ha provocado un flujo constante de gente que huye de la guerra. Naciones Unidas estima que son ya casi 3,3 millones las personas que han salido de Ucrania escapando del conflicto y, de ellas, unas 500.000 han cruzado la frontera hacia Rumanía, mientras que 355.000 han llegado a Moldavia, 291.000 a Hungría y 234.000 a Eslovaquia. Eso sí, el país con mayores cifras de llegadas es Polonia, que ya supera los 2 millones.

El intercambio de relatos también se mantiene como en los últimos días. Rusia asegura que «todo va según el plan» y Ucrania incide en que solo quiere «la paz». Así lo repitió Zelenski: «No planeamos tomar miles de prisioneros. No queríamos esta guerra. Sólo queremos la paz. Y queremos que amen a sus hijos más de lo que temen a sus autoridades». Mientras, Moscú no cambia de camino y además el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dimitri Medvedev, ha puesto en duda este viernes que los medios de comunicación occidentales vayan a poder volver a trabajar en Rusia debido a sus «decisiones mediocres» en el marco de la guerra.


Dos mujeres y una niña comen en la estación de tren de Lviv

En el otro lado, Estados Unidos sigue buscando la manera de mover a China de la equidistancia. Este viernes Joe Biden se verá con Xi Jinping para hablar de la guerra, pero Pekín de momento solo se limita a asegurar que no atacará de ninguna manera a Ucrania. Más allá de eso, pocos cambios: no quiere asumir el papel de mediador que le quiere endosar Occidente. Paralelamente, Australia, Nueva Zelanda y Japón han anunciado una nueva batería de sanciones económicas contra Moscú, ampliando estas medidas a empresarios, oligarcas y organizaciones rusas, una medida con las que buscan aislar aún más comercialmente a Moscú.

La Unión Europea, por su lado, centra sus debates en la cuestión energética mientras Emmanuel Macron mantiene abierta la puerta a seguir hablando tanto con Putin como con Zelenski. En el frente de la dependencia energética, este viernes tendrán lugar dos reuniones importantes: la primera, con Pedro Sánchez, Mario Draghi, Kyriakos Mitsotakis y Antonio Costa en Roma con el objetivo de acordar una propuesta para desacoplar los precios del gas y de la luz, aunque el cónclave importante será con Olaf Scholz, a quien el presidente del Gobierno tendrá que convencer para que dé su apoyo a la medida. Precisamente Scholz habló este viernes de nuevo con Vladimir Putin para pedirle un alto el fuego «inmediato» y una «solución diplomática» al conflicto. 

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