El sueño de Julita Salmerón siempre fue comprarse un castillo. Su hijo, el actor y director Guillermo Salmerón, lo cuenta en el galardonado documental ‘Muchos hijos, un mono y un castillo‘. En la cinta, narra que ella pertenecía a una familia «normal», que vivía “sencillamente, sin malgastar”. Un día, al recibir la herencia de sus padres, se hizo rica y cumplió su sueño: se compró un castillo a las afueras de Barcelona. La crisis económica de 2008 convirtió el sueño en pesadilla y tuvo que deshacerse de su bien más preciado.

Visto desde esta perspectiva, la vida de Julita se parece mucho a la de la España actual. Cuando el país estaba comenzando a salir del shock económico en el que nos introdujo la pandemia del coronavirus y empezaba a vivir “sencillamente”, los deseos del presidente ruso, Vladímir Putin, y su invasión de Ucrania, que ya va por la seguna semana, amenazan con derribar el castillo español. De naipes, en el caso del presidente Pedro Sánchez.

Para evitarlo, el socialista convocó a sus homólogos autonómicos en la isla de La Palma con el objetivo de que los llamados “acuerdos de La Palma” hagan fuertes los cimientos de la recuperación económica. La guerra, auguró de puertas para adentro, será «larga», aunque para largas las esperas y algunos silencios producidos en los prolegómenos del encuentro, que ha tenido lugar en Los Llanos de Aridane. Esta población de apenas de 36 kilómetros cuadrados de extensión y poco más de 20.000 habitantes se ha convertido este domingo en el centro neurálgico de la política española. También el periodístico, a juzgar por la cantidad de medios acreditados para cubrir el evento -han sido tantos que algunos periodistas han tenido que utilizar acreditaciones de técnico-.

No en vano, los 17 presidentes autonómicos y los dos presidentes de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se han reunido –por primera vez en una década han asistido todos– en el Museo Arqueológico Benahorita, en el que no había ninguna de las vértebras de la madre de Julita que ella confiesa tener en el documental-. Juntos, eso sí, pero no revueltos. En un goteo constante, han ido llegando uno a uno al lugar. Recibiéndoles estaban Mariano Hernández, presidente del Cabildo de La Palma; Ánder Gil, presidente del Senado; e Isabel Rodríguez, ministra de Política Territorial.

Después, se han puesto en fila para recibir al rey Felipe VI. Antes de su llegada, los grupúsculos formados eran curiosos. Se podía ver al presidente de Galicia y líder in pectore del PP, Alberto Núñez Feijóo, hablando con el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, con el que tendrá que trabajar si, como indican todas las fuentes, los ‘populares’ terminan accediendo a firmar la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que lleva más de mil días caducado. Feijóo, cuyas primeras decisiones comienzan a notarse en acciones como el hecho de que todos los presidentes hayan venido a La Palma a defender un mensaje único pese a dirigir territorios diferentes, también ha conversado bastante con Juanma Moreno, el barón popular que se enfrentará a las urnas a finales de año, y con Alfonso Fernández Mañueco, que ha llegado a la reunión tras ser el primer mandatario autonómico que ha cerrado un acuerdo de coalición con Vox. 

Da la casualidad que el protocolo ha colocado a Mañueco al lado de Isabel Díaz Ayuso, que en la campaña de las elecciones de Castilla y León -que se celebraron justamente hace un mes- ya le marcó el camino poselectoral a seguir. Al lado de Ayuso, que iba de blanco impoluto y sin soltar el bolso, estaba la presidenta de las Islas Baleares, Francina Armengol, con quien la madrileña ha tenido algún que otro roce durante su mandato. Sin ir más lejos, la balear le echó en cara la mortalidad de Madrid con el Covid.

Ayuso, al lado de Mañueco y Armengol
Ayuso, al lado de Mañueco y Armengol
EFE

Más distendida se ha visto a Armengol con María Chivite, la socialista que dirige Navarra. El otro grupúsculo de presidentes autonómicos del PSOE lo formaban Ximo Puig, de Valencia; Javier Lambán, de Aragón; y Emiliano García Page, de Castilla-La Mancha. La diferencia, no obstante, entre ellas y ellos es que las primeras sí apoyaron a Sánchez en las primarias que le enfrentaron a Susana Díaz, mientras que los segundos optaron por la anterior presidenta andaluza.

Las conversaciones, en todo caso, no han durado mucho. Una vez que todos han entrado, se ha hecho el silencio, como contaban los cámaras de televisión que han entrado a grabar los denominados -un término que en este caso define bastante bien la situación- ‘mudos’, que son las imágenes que filman previas a las reuniones. Después de tomar un café, Felipe VI se ha marcado entre aplausos de algunos de los curiosos congregados a las afueras del imponente despliegue de seguridad con el que ha contado la cita. A Sánchez también le han aplaudido y a Ayuso le han gritado un «te queremos» en perfecto castellano central.

Los presidentes de Aragón, Javier Lambán (i), Castilla La Mancha, Emiliano García-Page (2i), Valencia, Ximo Puig (2d) y Extremadura, Guillermo Fernández Vara (d)
Los presidentes de Aragón, Javier Lambán (i), Castilla La Mancha, Emiliano García-Page (2i), Valencia, Ximo Puig (2d) y Extremadura, Guillermo Fernández Vara (d).
EFE

«¿El rey ya se ha ido?», preguntaba uno de los vecinos de La Palma a un kilómetro del lugar, en la Casa de la Cultura de Los Llanos de Aridane, donde han congregado a los periodistas que cubrían el acto. Eso sí, la pregunta bien la podría haber hecho Pere Aragonés, el presidente de Cataluña, que ha tratado de evitar -con éxito- cruzarse con el monarca. «Nuestras convicciones políticas siguen siendo las mismas», comentaba nada más llegar en unas declaraciones en las que también ha dejado claro que su presencia se debe exclusivamente al conflicto ucraniano. Quizás sepa que el derrumbe del castillo español difícilmente podría no suponer que Cataluña, como el resto de autonomías, no sufriera las consecuencias del derribo.

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