Igual que ocurre con las personas, algunos animales pueden padecer cardiopatías que precisan de marcapasos, como es el caso de los perros, gatos e incluso los hurones. Existen muchos procedimientos médicos que han pasado de la medicina humana a la veterinaria y uno de ellos es el uso del marcapasos, un dispositivo para salvar vidas que seguramente ya conoces. 

El primer perro al que se le implantó un marcapasos fue un Basenji de diez años que padecía insuficiencia cardiaca congestiva crónica, ocurrió en 1967 y la operación fue todo un éxito, ya que el animal vivió hasta los quince años de edad.

A día de hoy, tras numerosos estudios y la evolución de la medicina y la veterinaria, los perros necesitan descansar durante un mes después de la colocación del marcapasos. Además, es sumamente importante cambiar el uso del collar por un arnés y asegurar que no genere presión en el cuello.

Si tu perro tiene un marcapasos, necesitará tener al menos seis meses de edad y es ideal que alterne visitas entre su veterinario de cabecera y su veterinario cardiólogo. Realizar los ajustes en el marcapasos es sencillo y para nada invasivo, simplemente hay que colocar un imán en la piel sobre el dispositivo.

“La implantación de un marcapasos es una técnica no invasiva en la que se debe acceder a la vena yugular. Requiere unos conocimientos importantes y un aprendizaje por parte del equipo, así como unas instalaciones adecuadas con medidas asépticas”, asegura Pablo Antonio Fernández Rodríguez, responsable del Servicio de Cardiorrespiratorio del Centro de Especialidades de AniCura Aitana Hospital Veterinario.

Problemas cardiovasculares en perros

Cuando el paciente sufre patologías como el Síndrome del Nodo Enfermo (SSS), detención auricular o el bloqueo Auriculoventricular Avanzado (AV) y no responde a la medicación, es cuando tenemos que plantearnos la colocación de un marcapasos, ya que «un perro con una de estas patologías no puede tolerar esfuerzos o realizar ejercicio, sufrirá desmayos y puede acabar teniendo un fallo cardiaco con muerte súbita», tal y como explican desde el hospital veterinario.


Un perro de pie sobre sus dos patas traseras.

Además de la bradicardia, el síndrome del seno enfermo y el bloqueo atrioventricular son dos de las patologías más comunes que producen arritmias. En el caso de la primera, es muy común en razas como los West highland white terriers, Teckels, Miniature schnauzers, Bóxers o Cocker spaniels; mientras que en el caso de la segunda, puede darse en cualquier tipo de perro o gato.

«En mi trayectoria profesional he puesto marcapasos tanto a perros geriátricos con bloqueos como a un Border collie de nueve meses que nació con una disfunción nodal”, comenta este especialista», cuenta el veterinario.

Bradicardia y taquicardia simultáneas

En concreto, la primera cirugía de este tipo que ha realizado el centro ha sido a un Border collie de tres años que mostraba signos de fatiga al correr. En el estudio completo que se le realizó el animal mostraba una bradicardia marcada, es decir, el ritmo de su corazón era muy bajo y no respondía a medicamentos, derivando en una disfunción nodal, tal y como explican desde el hospital veterinario.

“Lo interesante de este caso es que en el estudio observamos que tenía esa bradicardia marcada todo el día, pero cuando se ponía a correr se producía un efecto contrario, una taquicardia supraventricular a frecuencias de 240 latidos por minuto (lpm). Por tanto, el tratamiento de esa arritmia, que sí se podía hacer farmacológicamente, necesitaba el apoyo de un marcapasos para mantener una frecuencia cardiaca mínima basal de 60 lpm”, explica el especialista, quien celebra que, tras la implantación del marcapasos, la perra juega y corre sin problemas.

Cacahuete, un mestizo nacido en 2021 que busca hogar. Para más información contacta con acunrmadrid@gmail.com.
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