En los países con mayor felicidad nacional, los ciudadanos que perciben la presión social para ser felices informan de un menor bienestar que los de los países con menor felicidad nacional, según un estudio en 40 países publicado en la revista Scientific Reports.

El investigador de la Universidad de Tilburg, en Países Bajos, Egon Dejonckheere y sus colegas investigaron cómo la presión social percibida para ser feliz y no estar triste predice los indicadores emocionales, cognitivos y clínicos del bienestar y cómo esta relación cambia con las puntuaciones nacionales de felicidad de los países (Índice Mundial de Felicidad).

Encuestaron a 7.443 personas de 40 países sobre su bienestar emocional, su satisfacción con la vida (bienestar cognitivo) y sus quejas sobre el estado de ánimo (bienestar clínico), y les pidieron que informaran sobre su percepción de las expectativas sociales de sentirse positivo.


Gracias al cariño establecemos nexos de unión con otras personas.

Los autores constataron que la presión social para ser feliz y no estar triste se daba en casi todos los países de la muestra y se correlacionaba de forma significativa con los ciudadanos que declaraban un bajo bienestar, pero había variaciones al comparar entre países.

Ese escaso bienestar incluía una menor satisfacción vital, la experimentación de menos emociones positivas y menos intensas y más síntomas de depresión, ansiedad y estrés. En la mayoría de los indicadores de bienestar, la relación entre la presión social para ser feliz y el bajo bienestar era casi dos veces más fuerte en los países con puntuaciones más altas en el Índice Mundial de Felicidad que en los países con puntuaciones nacionales más bajas.

Entre los países incluidos en el estudio que obtuvieron una mayor felicidad en el Índice Mundial de Felicidad se encuentran los Países Bajos y Canadá, mientras que entre los países con menor felicidad se encuentran Uganda y Senegal.

Egon Dejonckheere, autor principal, explica que «el nivel de felicidad que los individuos se sienten presionados a alcanzar puede ser inalcanzable y revela diferencias entre la vida emocional de un individuo y las emociones que la sociedad aprueba».

«Esta discrepancia entre un individuo y la sociedad puede crear una percepción de fracaso que puede desencadenar emociones negativas -continúa-. En los países donde todos los ciudadanos parecen ser felices, las desviaciones de la norma esperada son probablemente más evidentes, lo que las hace más angustiosas».

Los autores concluyen que los altos niveles de felicidad nacional no indican necesariamente un mayor bienestar para todos los individuos de un país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.