Hace unos tres años Steven Spielberg lo tenía claro: “Una vez te comprometes con el formato televisivo, eres un telefilm. Y, si se trata de un buen producto, merecerá un Emmy pero no un Oscar”. El cineasta, que en la reciente edición de los premios de la Academia competía con West Side Story, lanzó este comentario lapidario durante la carrera de los Oscar de 2019, aquella que enfrentaba a Green Book con Roma. Spielberg transmite habitualmente una apariencia bondadosa y diplomática, pero ante las enormes posibilidades de que la película de Alfonso Cuarón, estrenada en Netflix, triunfara en los Oscar, no pudo contenerse. Y declaró que un film de Netflix, simplemente por ser de Netflix, no debía poder competir en los principales premios del cine del mundo.

Hay quien considera que estas palabras, en combinación al apoyo público que Spielberg mostró por Green Book, precipitaron que los académicos se decantaran por el film de Peter Farrelly, aun cuando sus críticas fueran peores y hubiera sido muy cuestionado su discurso antirracista. Sea como sea, la derrota de Roma ilustró una resistencia a que Netflix se hiciera con el galardón principal (pues casi nadie vio inconveniente en que Cuarón consiguiera el Oscar a Mejor dirección) que compartían académicos y otras figuras de la industria, incluso fuera de Hollywood. Poco antes, la presencia de Okja de Bong Joon-ho en Cannes había conducido a la decisión del festival de no proyectar películas de la plataforma a no ser que se sometieran a una exhibición convencional en cines.

Postura que Thierry Frémaux mantiene, mientras que a estas alturas parece clarísimo que el Oscar a Mejor película solo le llegará a Netflix cuando no haya ningún rival a la altura (en caso de que CODA fuera ese tipo de rival, algo que hasta hace cuestión de semanas a nadie se le pasaba por la cabeza). El poder del perro, producida por el gigante de streaming, le ha dado el Oscar a Mejor dirección a Jane Campion, pero ha perdido el de Mejor película, el de Mejor actor para Benedict Cumberbatch, Mejor actor secundario para Jesse Plemons y Kodi Smith-McPhee o Mejor actriz secundaria para Kirsten Dunst, entre otras derrotas. De los 12 Oscar a los que aspiraba, este western revisionista solo ha conseguido uno. Un desplante a sumar a una larga lista de desplantes.

Ocho años al asalto de la Academia

Netflix había sido fundada en 1997 por Reed Hastings y Marc Randolph, pero tardó cerca de 16 años en animarse con la producción propia. Fue en 2013, por tanto, cuando el gigante de streaming acaparó titulares a costa de House of Cards, serie apadrinada por David Fincher que protagonizaban Kevin Spacey y Robin Wright. En conjunto a otra ficción muy aclamada entonces como Orange is the New Black, Netflix consiguió sus primeras presencias en la carrera de premios televisiva, y tan solo un año después tanto House of Cards como Wright hicieron historia dentro de la primera serie destinada íntegramente al VOD que participaba en convocatorias como los Emmy o los Globos de Oro.

Laverne Cox, gracias a Orange is the New Black, fue asimismo la primera actriz trans en aspirar a premios, empezando la trayectoria de Netflix dentro de estos circuitos por todo lo alto. En sintonía al progresivo dominio que la plataforma implantaba en el mercado, sus responsables quisieron asegurar una calidad refrendada por los galardones, entrando abiertamente en el juego del Oscar al manufacturar propuestas con las que pudieran simpatizar los académicos. Fue en el mismo 2014, solo un año después de inaugurar la producción propia, cuando Netflix consiguió su primera nominación al Oscar: fue por el documental egipcio The Square, dirigido por Jehane Noujaim y distribuido por la plataforma.

Dentro de la categoría de Mejor documental las cosas le han ido bastante bien a Netflix. Desde The Square, la plataforma ha logrado que cada año (sin más excepciones que en las cosechas de 2019 y la de este mismo 2022), un documental con su firma sea nominado, y se ha hecho con la victoria en tres ocasiones: Icarus, American Factory y Lo que el pulpo me enseñó, que ganó el año pasado con no pocos memes involucrados. Es un buen historial, qué duda cabe, pero para Netflix nunca ha sido suficiente. Quería que el prestigio se expandiera a la ficción original, donde al fin y al cabo estaba depositando unas inversiones cada vez más copiosas. Un año después de la victoria de The Square, Netflix fue a por todas con Beasts of No Nation, dirigida por Cary Fukunaga.

Protagonizaba Idris Elba, y todo en su agrio retrato de los niños soldado de África (tan espectacular como comercialmente concienciado) parecía invocar la atención de la Academia. Beasts of No Nation ganó un premio a Actor emergente para Abraham Attah en el Festival de Venecia y obtuvo cierto recorrido en certámenes como los Globos de Oro y los BAFTA, pero no obtuvo ni una sola nominación en los Oscar de 2016. Beasts of No Nation se quedó en una anécdota simpática con el beneplácito crítico, y Netflix tardaría dos años en contraatacar. Para, cuando lo hiciera, la industria se quedara ojiplática al reparar en cuán profundo se había instalado esta plataforma de streaming en el sistema.

Llega 2018, y de repente Netflix está presente en varias categorías. En una categoría tan mediática como Mejor actriz de reparto encontramos a Mary J. Blige, que aspiraba al Oscar por Mudbound, y dicho film además es candidato a Mejor fotografía, Mejor guion adaptado y Mejor canción original. Es un cambio de paradigma notable, donde lo de menos es que a la plataforma no consiga ninguno de estos premios. Al año siguiente, ya todo habrá cambiado.

Idris Elba en 'Bestias del sur salvaje'
Idris Elba en ‘Bestias del sur salvaje’
Netflix

Una nueva major de Hollywood

Durante la cosecha previa a 2019 Roma visibilizó definitivamente los cambios a los que estaba siendo sujeta la exhibición cinematográfica, debatiéndose por momentos más la ventana donde veríamos la película de Cuarón que el contenido de la película en sí. Un debate, en cualquier cosa, que estimuló el boca oreja de Roma luego de conseguir el León de Oro en el Festival de Venecia. Una vez sumida en la carrera, Roma fue acompañada de las nominaciones de La balada de Buster Scruggs a Mejor guion adaptado, canción y vestuario, pero el film de los hermanos Coen no logró robarle protagonismo ni por un segundo.

Al fin y al cabo, Roma llegó a estar nominada a 10 Oscar. Un triunfo para Netflix, que no obstante se diluiría durante la resolución de sus premios. Yalitza Aparicio y Marina de Tavira fueron nominadas a reconocimientos interpretativos mientras Roma aspiraba a los grandes galardones de Mejor película y Mejor dirección. De esa decena de Oscar, Roma terminó llevándose tres: los correspondientes a Mejor fotografía, Mejor película de habla no inglesa y Mejor dirección para Cuarón. Victorias históricas de todo punto para una plataforma de streaming, pero que no atinaban a disimular el sentimiento de traición.

Coincidía con los exabruptos de Spielberg, y una discusión pública que entonces parecían haber ganado quienes se oponían a que lo que hiciera Netflix fuera considerado cine del mismo derecho que algo como Green Book. La derrota era perceptible, y por eso fue aún más espectacular lo ocurrido en la convocatoria siguiente. Netflix colocó dos títulos en la terna de Mejor película de los Oscar de 2020: Historia de un matrimonio y El irlandés. Ambas, además, con una presencia holgada en las categorías interpretativas. Adam Driver, Scarlett Johansson y Laura Dern aspiraban a Mejor actor, Mejor actriz y Mejor actriz secundaria, mientras que El irlandés estaba con Al Pacino y Joe Pesci en secundarios (Mejor dirección para Martin Scorsese de propina), y había que añadir a Jonathan Pryce como posible Mejor actor por Los dos papas.

¿Resultado? Solo consiguió el Oscar de Laura Dern, de forma que el runrún de que la Academia veía con recelo a Netflix pasó a ser clamor popular. Sin que eso implicara, claro, que la plataforma se fuera a rendir: poco después de esta última ceremonia de los Oscar sobrevino la pandemia, y por consiguiente las plataformas de streaming como Netflix pasaron a ser jugadores privilegiados en el nuevo consumo audiovisual en detrimento de las majors clásicas y los cines. Casualmente o no, fue justo cuando asistimos a una reconciliación entre Spielberg y Netflix, a través de la asociación entre Amblin (sello del director) y la plataforma. También coincidió en el tiempo con el lanzamiento en Netflix de El juicio de los 7 de Chicago, donde Spielberg figuraba como productor.

Laura Dern en 'Historia de un matrimonio'
Laura Dern en ‘Historia de un matrimonio’
Netflix

El juicio de los 7 de Chicago fue una película clave de la cosecha pandémica. Fue nominada a Mejor película, Mejor actor secundario para Sacha Baron Cohen y Mejor guion original para Aaron Sorkin, entre otros, y destacaba en otra convocatoria con protagonismo de Netflix. Mank aspiraba también al máximo premio (cerrando un círculo con House of Cards al estar dirigida por Fincher), y le deparó nominaciones a Amanda Seyfried y Gary Oldman. Mientras, producciones como Fragmentos de una mujer y Hillbilly, una elegía rural conseguían presencia igualmente para sus actrices Vanessa Kirby y Glenn Close, y Netflix se convertía en el título necesario para homenajear la muerte de Chadwick Boseman, nominado a Mejor actor por La madre del blues.

Pero ni siquiera ganó Boseman. Fue el enésimo feo, subrayado desde otras categorías como Mejor película animada (donde hasta entonces habían desfilado ¿Dónde está mi cuerpo?, Klaus y Más allá de la luna sin ganar). Ni siquiera en plena crisis del COVID-19, cuando Netflix había consolidado su poderío mediático, parecía posible que consiguiera la distinción de Mejor película.

Y en esas estamos

La costumbre de que Netflix cuele dos títulos en las candidatas a Mejor película se ha mantenido en 2022. Previo a la gala correspondiente, Spielberg ha llegado tan lejos en su reconciliación con Netflix de alabar El juego del calamar, y hacer hincapié en el valor de la plataforma para hacer triunfar a propuestas que de otro modo no lo harían. Todo parece haber encontrado una normalidad, y esta normalidad es que Netflix puede ganar cualquier premio, mientras este no sea Mejor película. No lo han hecho, por supuesto, ni No mires arriba ni El poder del perro. Western, este último, que ha sido la opción favorita durante toda la carrera. Una frontrunner que parecía no tener rival.

Entonces ha experimentado el sorpasso de CODA. Una película mucho menos valorada, que paradójicamente tiene detrás a otra monumental compañía como es Apple (quien la adquirió luego de triunfar en el Festival de Sundance). Olivia Colman por La hija oscura ha perdido a manos de Jessica Chastain (Los ojos de Tammy Faye), Kirsten Dunst y Jessie Buckley por El poder del perro y La hija oscura lo han hecho a manos de Ariana DeBose por West Side Story, Jesse Plemons y Kodi Smit-McPhee no han tenido nada que hacer contra Troy Kotsur (CODA), y por último no lo ha conseguido Benedict Cumberbatch por El poder del perro, derrotado por Will Smith y El método Williams. Tampoco Los Mitchell contra las máquinas como película animada, sucumbiendo al fenómeno de Encanto.

Jane Campion con su Oscar
Jane Campion con su Oscar

Queda, claro, el consuelo de que Jane Campion sí haya obtenido Mejor dirección, la tercera mujer que lo hace tras Kathryn Bigelow y Chloé Zhao. Pero es el único premio de los 10 a los que aspiraba El poder del perro. Es tan seguro que a Netflix no le ha hecho ninguna gracia como que, en los meses siguientes, va a seguir intentándolo hasta volcar la narrativa a su favor. Resulta difícil imaginarse un escenario donde tuviera más posibilidades que este, pero habrá que ver qué nuevas sorpresas nos preparan los Oscar. 

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