La Comisión Europea no ve del todo con buenos ojos el giro de política exterior que ha dado Pedro Sánchez respecto al Sáhara. El Gobierno ha aceptado el plan marroquí para la autonomía de la zona, pero Bruselas considera que esa posibilidad tiene que estar «mutuamente aceptada» y al mismo tiempo debe darse en el marco de Naciones Unidas, que defiende un referéndum de autodeterminación. «La solución debe ser política, justa, realista, pragmática, sostenible en el tiempo y mutuamente aceptada», explicó la portavoz de Exteriores de la UE, Nabila Massrali.


El portavoz del PSOE, Felipe Sicilia.

A nivel más pragmático, la Comisión aplaude que se puedan «normalizar» las relaciones bilaterales entre España y Marruecos, pero insiste en que el camino para la solución pasa por lo marcado por la ONU. España, tras 46 años de posicionamiento, ha virado hacia un reconocimiento del formato de autonomía marroquí como la salida «más seria y realista» al problema.

Con este paso, Sánchez cede a las presiones de Rabat que pedía claridad a Madrid sobre el plan para la antigua colonia española. No obstante, este giro ha abierto otro frente con Argelia, que asegura que el Gobierno español nunca le informó de antemano y ya ha llamado a consultas a su embajador en Madrid.


El presidente Pedro Sánchez conversa con la vicepresidenta Yolanda Díaz en el Congreso.

En plena polémica, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, se ha reunido este lunes con el enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental, Stefan de Mistura. «Le transmití el apoyo de España a su misión para llegar a una solución de mutuo acuerdo en el marco de Naciones Unidas«, sostuvo Albares a través de las redes sociales. El PSOE insiste en que su posición sobre el asunto no ha cambiado, pero ya ha recibido críticas de todo el arco parlamentario.

La crisis cobra además especial relevancia en un marco de crisis energética en la UE, con España aspirando a ser un ‘hub’ para asegurar el suministro ante la guerra en Ucrania. Argelia, por lo pronto, ha mostrado ya su descontento por la posición de Sánchez, pero el Ejecutivo confía en que la relación «de confianza» se mantenga.

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