En el libro Notificación roja Bill Browder cuenta cómo el sistema montado por Vladimir Putin erosiona, borra y elimina cualquier tipo de oposición que se encuentra por el camino. Sergei Magnitski es la persona que representa el paradigma autocrático de la Rusia actual, pero la invasión de Ucrania engorda a lista de nombres de quienes desertan porque, directamente, están en contra de las maniobras del Kremlin, y saben que de quedarse en Rusia su destino está escrito. Y no precisamente para bien.

Ahora mismo esa figura de opositor principal es la de Alexei Navalni, que no podrá salir de la cárcel en una década tras varias condenas, y que ya sobrevivió a un envenenamiento presuntamente organizado por Putin. Por lo pronto, Anatoli Chubais, uno de los principales asesores del presidente ruso renunció a su cargo por diferencias con la deriva que ha adquirido Moscú sobre Ucrania, y la BBC además anunció que había tenido que abandonar el país junto a su familia. Y es que el Kremlin tiene claro que va a seguir ejerciendo presión contra quienes se salgan, aunque sea un poco, de la línea oficial que habla de «operación militar especial».

Otro nombre de la lista negra es el de Oksana Baulina. La periodista rusa falleció en un ataque del Ejército de Moscú sobre la capital, Kiev, mientras cubría los acontecimientos del conflicto. Antes, había trabajado para la fundación del propio Navalni y era considerada una de las opositoras más activas frente al régimen de Vladimir Putin. Refugiado en Biarritz está Vladímir Osechkin, otro activista opositor perseguido por el Kremlin. Ha estado amenazado de muerte y Putin ha llegado a ofrecer dinero por su cabeza.

El autócrata ruso está rodeado de un núcleo muy limitado de gente, apoyándose en los llamados Siloviki, que son los exagentes de la KGB y de los servicios de inteligencia rusos en los que Putin mantiene su confianza. Pero llegada la guerra a un punto de no retorno y con un plan inicial fallido, los cimientos del Kremlin parecen empezar a tambalearse. Esto podría provocar una escalada todavía mayor, con ataques químicos incluidos.

Y es que los agentes nerviosos han estado siempre en la cartera de Putin. Por ejemplo, con el presunto ataque sobre Serguéi Skripal, otro desertor, con Novichok en 2018. Aunque no ha terminado de confirmarse, todo parece indicar que Moscú dio luz verde a que se diese muerte al exespía. Más tarde puede que tratase de repetir la maniobra con Navalni.

«Derecho a elegir»

De puertas hacia fuera, el Gobierno ruso trata el asunto con normalidad. El ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, aseguró este jueves que los rusos que deciden «abandonar» el país euroasiático en el marco de la invasión de Ucrania «tienen derecho a elegir», en referencia sobre todo al caso de Chaubais. Eso sí, el Kremlin y Putin han cargado contra los «traidores» que dan la espalda al país «en tiempos difíciles», en un contexto de máxima vigilancia y censura para evitar cualquier disidencia referente a la invasión de Ucrania.

El presidente defendió la «autolimpieza» social como vehículo para la «cohesión». El portavoz presidencial, Dimitri Peskov, señaló que en un contexto como el actual «muchas personas muestran su esencia», destapándose como «traidores». Lavrov insistió en que, de todos modos, la gente es libre de irse: «Si aquellos que quieren elegir la residencia en otro país llegan a tal decisión, eso está de acuerdo con nuestra legislación».

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