El interés de los BAFTA residía en primer término en saber si iban a cumplirse los pronósticos en cuanto a los premios destacados para El poder del perro y el triunfo en el cómputo global para Dune. Más allá de lo cinematográfico, se esperaba que la preocupante realidad internacional por la invasión rusa de Ucrania centrara las habituales alusiones políticas y sociales de este tipo de ceremonias. Por sorpresa, la cuestión ucraniana estuvo mucho menos presente de lo que se presuponía.


Los cinco títulos que optaban a mejor película

Al menos la mención principal fue bastante gráfica. La actriz cómica Rebel Wilson, presentadora de la 75 edición de los galardones de la Academia Británica, dedicó una peineta a Vladimir Putin aprovechando la intervención previa a la actuación musical referente a CODA. Los sonidos del silencio, ya que el detalle encajaba por aquello de tratarse de un filme en torno al lenguaje de signos. “Por suerte, en todas las lenguas este es el signo que dedicamos a Putin”, dijo mientras hacía el gesto con el dedo (imagen que la televisión mostró pixelada) entre los aplausos de los invitados.

Con la ceremonia bastante avanzada, el actor y realizador Andy Serkis, antes de anunciar que Jane Campion iba a obtener el reconocimiento a la mejor dirección, señaló, en una crítica personalizada en Preti Patel (ministra de Interior) por la política de inmigración del Gobierno británico, que “todos los refugiados son bienvenidos, pero unos más que otros”. Serkis quiso subrayar que la gestión de las solicitudes de visado es “una completa pesadilla”.

Por otro lado, actores como Stephen Graham, nominado por su trabajo en Hierve, lucieron los colores de la bandera de Ucrania en la solapa de su traje, como hizo asimismo el príncipe Guillermo, que en el mensaje que envió llevaba un pin alusivo al país del Este.

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