El botón de alerta de la OTAN está apretado. Occidente no solo no se fía de Rusia sino que además tampoco tiene mucha fe en el papel de China. La guerra de Putin en Ucrania ha puesto a los aliados en una situación casi sin precedentes. La cumbre de líderes que tuvo lugar este jueves en Bruselas sirvió para que aprobaran mayor asistencia a Kiev y también un incremento del despliegue de tropas en el flanco oriental para prevenirse de los movimientos del Kremlin. Además, la OTAN quiere que Pekín elija el bando occidental para posicionarse frente a Putin.

«Estamos creando cuatro grupos de combate multinacionales adicionales en Bulgaria, Hungría, Rumanía y Eslovaquia. Estamos adoptando todas las medidas y decisiones para garantizar la seguridad y defensa de todos los Aliados en todos los ámbitos y con un enfoque de 360 grados«, expresó la Alianza en el comunicado de los líderes en el que además, avisan de que los ataques químicos sobre Ucrania «cambiarán totalmente la naturaleza del conflicto», según las palabras del secretario general, Jens Stoltenberg -cuyo mandato, que terminaba dentro de seis meses, se extenderá hasta septiembre de 2023-. Y es que Kiev sigue acusando a Moscú de haber empleado fósforo blanco, una sustancia altamente corrosiva, en algunas de sus ofensivas sobre territorio ucraniano.


Foto de familia de los líderes de la OTAN

Otro elemento clave es la llamada de atención a China para que deje de apoyar a Rusia, algo que lleva haciendo desde el principio aunque sea de forma implícita. «Nos preocupan los recientes comentarios públicos de funcionarios de la República Popular China y pedimos que deje de amplificar las falsas narrativas del Kremlin, en particular sobre la guerra y sobre la OTAN, y que promueva una resolución pacífica del conflicto», sentencian los mandatarios. Precisamente, el ministro de Exteriores ruso ha confirmado que viajará el 31 de marzo al gigante asiático.

La Alianza, además, confirmó que los aliados enviarán equipos de protección contra amenazas «químicas, biológicas, radiológicas y nucleares», después de que entre los países miembros se haya consolidado la idea de que hay que estar preparado para este escenario en el conflicto en Ucrania. «Esto incluye equipos de detección, equipamiento médico, adiestramiento contra la descontaminación y gestión de crisis», explicó Stoltenberg. En este sentido, el envío de material incluye también asistencia contra los posibles ciberataques que pueda perpetrar Moscú. 

Mayor inversión en Defensa porque «la seguridad no es gratis»

En un escenario tan drástico los países también se han comprometido a acelerar sus respectivas inversiones en Defensa para alcanzar el 2% del PIB. Sobre esto, Stoltenberg fue especialmente rotundo: «La seguridad no es gratis, y hacer más costará más. Así que los líderes de la OTAN acordaron redoblar los esfuerzos». El mundo ha cambiado y los líderes tienen claro que las políticas tienen que cambiar con él. «La guerra no provocada de Rusia contra Ucrania representa un desafío fundamental a los valores y las normas que han traído la seguridad y la prosperidad de todo el continente europeo», expresaron, al tiempo que incidieron en que el Artículo 5, que prevé la asistencia mutua en caso de ataque contra unos de los 30 países que componen la Alianza, «está blindado».

«Tenéis miles de aviones de combate pero no hemos recibido ninguno aún»

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, quiere más y más apoyo de la OTAN para hacer frente a Rusia. «Tenéis miles de aviones de combate pero no hemos recibido ninguno aún», les dijo en su intervención telemática en la cumbre. «Para salvar a nuestra población y nuestras ciudades Ucrania necesita asistencia militar sin restricciones», añadió un Zelenski muy crítico con los últimos movimientos de Occidente, pese a que ya parece haber cerrado la puerta a la entrada del país en la OTAN. No obstante, Stoltenberg aseguró que la esa vía sigue abierta de acuerdo a los Tratados.

Zelenski quiere más material y más apoyo a Ucrania

«Quiero que sepáis que la Alianza aún puede evitar las muertes de ucranianos en ataques rusos, por la ocupación rusa, suministrándonos las armas que necesitamos», reclamó Zelenski, que acusó de nuevo a Rusia de «estar destruyendo a todo ser viviente». En ese contexto, Unicef confirmó este jueves que más de la mitad de los niños ucranianos han tenido que abandonar sus hogares desde que Rusia lanzó su invasión. La cifra de refugiados, según los datos de Acnur, supera ya los 3,6 millones de personas.


Civiles huyen con sus enseres de los ataques rusos en la ciudad ucraniana de Mariúpol.

Moscú, en todo caso, no ha tardado en responder a la OTAN. «La mayoría de los países tienen una visión histérica e inadecuada de la esencia de lo que está sucediendo, lo cual es lamentable», esgrimió el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, mientras el Ministerio de Exteriores ha puesto el foco en Polonia. «Varsovia se ha embarcado en una peligrosa escalada en la región, que no procede de intereses nacionales, sino que es en el marco de la directrices de la OTAN», alertaron. Y pusieron sobre la mesa un aviso preocupante: «Lo vemos y lo tendremos en cuenta en nuestros pasos prácticos hacia Polonia».

El frente bélico sigue siendo un tira y afloja entre las ofensivas de Rusia y una resistencia feroz de Ucrania. Mientras Mariúpol es una ciudad completamente borrada del mapa, las fuerzas ucranianas confirmaron la destrucción de un buque ruso de desembarco, controlado por el ejército ruso y atracado en el puerto de la ciudad costera de Berdiansk, al sur del país, donde cerca de allí se escucharon dos fuertes explosiones. Asimismo, Ucrania denunció la muerte de seis personas que esperaban por ayuda humanitaria en la ciudad de Járkov. En total, Naciones Unidas cifra ya en un millar los civiles muertos desde que empezó el conflicto.

En paralelo a la jornada de cumbres, las sanciones contra Rusia van creciendo y tanto Estados Unidos como el Reino Unido han ampliado la lista de nombres incluidos en las medidas. Washington amplía las medidas contra 400 figuras y empresas cercanas a Putin, entre ellos 328 legisladores y 48 empresas. Asimismo, el Gobierno de Estados Unidos calificó además este jueves de «farsa» la reapertura parcial de la Bolsa de Moscú, después de casi un mes de suspensión decretado por el Banco Central de Rusia (BCR) debido precisamente a las sanciones. «Lo que estamos viendo es una farsa, una apertura de mercado a lo Potemkin», dijo en un comunicado el asesor asistente de Seguridad Nacional sobre Economía Internacional de la Casa Blanca, Daleep Singh.

Como respuesta a Estados Unidos, Rusia avisa de que que «la guerra económica declarada» por Washington a Moscú «amenaza con colapsar» las relaciones bilaterales. Eso sí, el Kremlin cree que una ruptura tal «no interesa» ahora mismo, pero ha pedido que la Casa Blanca «deje de enviar armas al régimen de Kiev».

La UE, en su encrucijada energética

Este viernes además será un día clave porque, en la segunda jornada de cumbre del Consejo Europeo, los Estados miembros de la UE abordarán las soluciones energéticas para deshacerse de la dependencia de Rusia. La compra conjunta de gas, el almacenamiento estratégico o múltiples opciones para frenar el alza de los precios están en el menú propuesto por la Comisión, pero existe una brecha entre el norte y el sur en cuanto a una «fórmula mágica» que Bruselas avisa de que no existe. Mientras, el Alto Representante, Josep Borrell, pide no ceder frente a Moscú y asegura que el conflicto se decidirá en las «próximas dos semanas», por lo que el apoyo de Occidente a Kiev no puede frenarse. «Rusia puede tener una gran derrota y continuaremos apoyando a Ucrania y poniendo presión», sostuvo.

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