La selección española de fútbol celebró su regreso a Cataluña con una victoria sobre Albania que dejó claro que Luis Enrique tiene un estilo definido y unos jugadores que pueden ser diferenciales, pese a las dificultades para marcar. 


Dani Olmo, jugador de la Selección Española de Fútbol. / Jose González

Con el debutante David Raya en la portería por la baja de última hora de Robert Sánchez, que abandonó la concentración unas horas antes del partido por motivos personales, el conjunto español se vio arropado por miles de espectadores que les vitorearon y les dieron cariño en el primer partido de preparación para un Mundial de Catar 2022 que aún se ve lejano.

Pese al resultado final y la fiesta que se vivió en Cornellá, no fue un encuentro cómodo ni brillante. El dominio absoluto de la pelota del lado español no se tradujo en una goleada, ni muchísimo menos, y de hecho en la primera media hora de partido solo un disparo de Gavi había inquietado el área de Berisha. Ferran y Morata arriba intentaban ponerle mordiente, pero la falta de gol contra un equipo encerrado casi cuesta un disgusto.

No fue hasta que restaban poco menos de 20 minutos cuando una gran jugada de Yeremi Pino, que se fue por velocidad, habilitó a Ferran Torres para marcar el 1-0 y confirmar, por fin, el dominio español. 

Fuera porque se creían que estaba hecho o porque el equipo albanés no se hundió, ni mucho menos, el empate llegó a cinco minutos del final y dejó claro que un despiste se paga.

Entre Raya y Pau Torres no se entendieron, y Uzuni, que prácticamente tiró más de fe que de juego, mandó el balón con suerte y casi de rebote a la red. Restaban cinco minutos para el final, y España intentó resolver la papeleta para no acabar con mal sabor de boca. Fue Dani Olmo el que tuvo que tirar de genialidad: cogió el balón en la frontal, vio a Berisha y puso la pelota en toda la escuadra. Un golazo para poner la guinda del ansiado regreso de España a tierras catalanas.

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