Cuando los historiadores que han estudiado y analizan la Transición Española desde el rigor histórico e intelectual definen algunos rasgos característicos de la misma, surgen una serie de elementos comunes que definen este proceso que permitió el paso de la dictadura a un sistema democrático, a nuestra Constitución y al período más largo de democracia y prosperidad de nuestra historia moderna. Entre estos elementos estarían, sin ánimo de hacer una lista exhaustiva, los siguientes:

Primero, la voluntad, tanto de la ciudadanía como de la mayoría de actores políticos de constituirse en una sociedad democrática de corte europeo, que entrase y se implicase en la construcción europea. De hecho, tras las elecciones de junio de 1997 que dieron inicio a la Legislatura Constituyente, ya se solicitó, el 28 de julio de 1977, la adhesión, y el 12 de junio de 1985, durante el primer Gobierno del PSOE, se firmó el Acta de Adhesión a la Comunidad Europea. Desde entonces, la española ha sido mayoritariamente una sociedad europeísta.

Segundo, la llamada moderación ideológica de los españoles, donde los sucesivos estudios sociológicos, principalmente del CIS, han mostrado un autoposicionamiento de los españoles en una horquilla aproximada entre el 4’5 y el 4’9, en un centro izquierda. En este sentido la alternancia política no ha supuesto un giro sustancial en este aspecto, y los proyectos ideológicos que se han escorado en exceso hacia uno u otro lado, no han tenido un éxito electoral determinante.

Tercero, la alta valoración que la ciudadanía ha tenido de la propia democracia construida después de cuarenta años de cruel dictadura. La construcción y extensión de nuestro estado de bienestar, paralelo a la consolidación de nuestra democracia, ha sido siempre, pese a algunos intentos políticos de la derecha de atacarlo, recortarlo o desmantelarlo, un motivo de orgullo para la sociedad.

«La ultraderecha ha entrado en un Ejecutivo autonómico, de la mano de un PP que ha sido enmendado por su familia europea»

Cuarto, la legitimidad de los gobiernos surgidos de las elecciones. En este sentido, la llegada desde el 2005 de diferentes proyectos políticos que han irrumpido en el panorama español no ha puesto en duda de manera sustancial estas consideraciones que he definido. Así, la irrupción de un auto denominado partido liberal, Ciudadanos, primero en Catalunya y luego en el resto de España; y más tarde, y a raíz de las protestas ciudadanas surgidas en mayo de 2015, la entrada de Podemos y sus confluencias; o más recientemente la entrada de Teruel Existe en el Congreso, representante de lo que se ha venido a definir como partidos de la España vaciada, no han supuesto una enmienda general. Hasta la irrupción de Vox en las elecciones de 2019.

En ese punto se produce una ruptura total de muchos de los acuerdos y consensos que han dado estabilidad y progreso a nuestro sistema democrático, construido gracias al trabajo, al compromiso y al sacrificio de mucha gente.

La llegada de la ultraderecha eurófoba a nuestras instituciones, como en el resto de países europeos, se ha concentrado en el parlamento estatal, el Congreso, así como en diversos parlamentos autonómicos.

La especialidad en España es que, a diferencia del resto de Europa, y para vergüenza de quienes lo han auspiciado, la ultraderecha ha entrado en un Ejecutivo autonómico, de la mano de un PP que ha sido incluso enmendado por su familia europea.

«Grave es también, y a mi entender aún más, la renuncia del PP a desligar su presente y su futuro de esta ultraderecha»

Que Vox represente la ruptura con pilares de nuestra democracia es grave. Como grave es que, en sede parlamentaria, hace pocos días, un diputado de Vox lanzase la frase «elecciones fraudulentas de febrero de 1936», un alegato que los golpistas franquistas ya usaban en 1936 y 1939 para justificar el golpe de estado de julio.

Este tipo de declaraciones, que se suman a las de «Gobierno ilegítimo» referido al Gobierno actual, o de «el peor Gobierno en 80 años», obviando los 37 años de dictadura, representan una enmienda a la totalidad a lo construido por todos.

Pero grave es también, y a mi entender aún más, la renuncia del PP a desligar su presente y su futuro de esta ultraderecha. La presencia de Vox ha supuesto que el PP irrumpa en Europa atacando al Gobierno, ha supuesto la compra absoluta del marco mental y político de la ultraderecha, ha supuesto su alianza de facto en las instituciones y ha supuesto, por tanto y a la vista de la diferencia entre su trayectoria y su presente, la renuncia de este PP a la Transición.

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