La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas (OHCHR) ha contabilizado ya 1.151 civiles muertos (entre ellos, al menos 54 niños) en la guerra de Ucrania. Pero el propio organismo reconoce que «las cifras reales son considerablemente más altas», ya que la recepción de información se retrasa y muchos informes están pendientes de ser corroborados.

Son muchos más. Sólo en Mariúpol se superan esas cifras. Las autoridades locales de esta ciudad ucraniana calculan que desde que comenzó la invasión rusa han muerto al menos 5.000 personas, incluidos 210 niños.

Asediada por los bombardeos rusos, en esta localidad siguen atrapadas alrededor de 160.000 personas. La realidad que vivían hasta hace un mes ha volado por los aires y ahora no cuentan con servicios básicos, como agua corriente, luz o calefacción. Y lo peor, muchos ya están pasando hambre. ¿Esto último es lo que pretende el ejército de Putin?

Un arma cruel que no deja rastro

A lo largo de la historia, el hambre ha sido un arma de guerra en multitud de conflictos: todo vale para conseguir la victoria. Como recuerda el teniente general del Ejército de Tierra -actualmente en la reserva-, Francisco José Gan Pampols, el hambre causado por un asedio militar ya fue utilizado por persas, griegos, cartagineses o romanos. Más recientemente lo vimos en la antigua Yugoslavia, en Afganistán o en Líbano.

«El caso de Stalingrado ilustra hasta qué punto puede producirse un desastre descomunal»

«El caso de Stalingrado ilustra hasta qué punto puede producirse un desastre descomunal», señala Gan a 20 minutos. Con el asedio de Mariúpol se ha vuelto a escuchar el término ‘doctrina Grozni’, que es una estrategia que se atribuye a Rusia y consiste en intensos bombardeos para aterrorizar a los civiles y obligarlos a huir. Pero el teniente general en la reserva cree que lo que sucede no es necesariamente un plan.


El Teniente General Francisco Gan Pampols ha concedido una entrevista a 20minutos sobre la evolución del conflicto en la guerra de Ucrania.

«No considero que exista una ‘doctrina Grozni’ como tal. Ni una doctrina Alepo, una doctrina Kabul, o una doctrina Mostar o Sarajevo. En el momento en que un ejército… entra en combate en poblaciones, sobre todo con índices de urbanización muy elevado, las acciones se acaban convirtiendo en bombardeos sistemáticos, porque todos y cada uno de los lugares que quedan derruidos en esas ciudades constituyen posiciones defensivas… y el conflicto dentro de una ciudad se eterniza», asegura Gan.

Del hambre de Stalingrado al canibalismo japonés

Pero el hambre se utiliza. Ocurrió en la mencionada Stalingrado, pero antes en la toma de Leningrado, también en la Segunda Guerra Mundial. Hitler intentó matar de hambre a la ciudad. El 8 de septiembre de 1941 ordenó rodearla para que el hambre acabara con todos sus habitantes. El cerco duró 872 días. Oficialmente, murieron 642.000 personas.

Imágen de Stalingrado tras la batalla que acabó con los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Stalingrado tras la batalla que acabó con los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
Wikipedia

En la batalla de Stalingrado (entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943) perdieron la vida más de dos millones de personas entre soldados de ambos bandos y civiles soviéticos. Es considerada la batalla más sangrienta de la historia. Sangrienta y fundamental para que Alemania perdiera la guerra. Cuenta el historiador Antony Beevor que la ayuda de Estados Unidos fue vital para que los soviéticos no murieran de hambre en el invierno de 1942.

«Los japoneses practicaron una política de canibalismo con sus prisioneros de guerra e incluso con sus compatriotas muertos en combate»

El hambre mató a miles de civiles rusos, pero también a muchos soldados del ejército de Hitler. En pleno mes de enero, con temperaturas de hasta 30º bajo cero, los alemanes sacrificaron todos sus caballos y perros, además de las ratas que encontraban, para poder alimentarse.

Y cuando el hambre acaba con todo, sólo hay dos pasos al canibalismo. Beevor asegura en uno de sus libros sobre la Segunda Guerra Mundial que en la parte final del conflicto el Ejército japonés practicó el canibalismo como estrategia militar organizada. Los prisioneros eran mantenidos con vida como si fueran ganado y eran «usados» en las cocinas de manera regular.

«Los japoneses practicaron una política de canibalismo con sus prisioneros de guerra e incluso con sus compatriotas muertos en combate«, contó el historiador a EFE. Sin embargo, esos episodios de canibalismo no se juzgaron en el Tribunal de Crímenes de Guerra de Tokio de 1946.

Explica Beevor que esas atrocidades no llegaron a juzgarse porque los americanos y los australianos decidieron no decir nada al final de la guerra. Quisieron evitar el shock que podría suponer para los familiares de los prisioneros que habían sido devorados.

De Alepo a Mariúpol

En Mariúpol no han llegado a tanto. Aún hay comida, aunque ya escasea. El economista ucraniano-estadounidense, Roman Sheremeta, ha contado en Twitter cómo su familia ha sobrevivido cogiendo nieve y cociendo macarrones en una fogata, con los disparos y explosiones de fondo.

Calle del barrio de Al-Sulaimaniyah, en Alepo, tras un bombardeo.
Calle del barrio de Al-Sulaimaniyah, en Alepo, tras un bombardeo.
EFE

Pero Ucrania es un país desarrollado. El problema es mucho mayor cuando el conflicto armado llega a un país que ya padece hambre crónica. Según Acción contra el Hambre, 815 millones de personas sufren hambre en el mundo. 6 de cada 10 vive en un país con conflicto.

Manuel Sánchez-Montero, director de incidencia de esta ONG, confirma que los ejércitos usan el hambre como arma y cita un ejemplo cercano en el tiempo: la guerra de Siria. En más de una ocasión, las tropas de Bashar Asad interrumpieron las vías de abastecimiento de ciudades o campos de refugiados para impedir la llegada de alimentos.

Hambre sobre hambre

Pero en el momento presente no sólo los aliados de Rusia se aprovechan cuando no provocan el hambre de la población civil. También, los de EE UU. En la Guerra Civil Yemení, más de 85.000 niños han muerto como resultado de la hambruna en 2018. UNICEF calculó que, en mayo de 2020, el 80% de la población, más de 24 millones de personas, estaban en necesidad de asistencia humanitaria.

Trabajadores yemeníes retiran los escombros de un edificio destrozado.
Trabajadores yemeníes retiran los escombros de un edificio destrozado.
EFE/EPA/YAHYA

A un país ya pobre como Yemen se le sumó una guerra y en ésta los ataques aéreos de la coalición liderada por Arabia Saudí, que han acabado con infraestructuras, sistemas e instalaciones de agua y saneamiento, y sistema sanitario. Denuncia UNICEF que los aviones saudíes han llegado al punto de destruir los sistemas de agua del país.

«En las regiones en conflicto se destruyen las cosechas, se roba el ganado y se expulsa a la gente de sus tierras»

La guerra lo paraliza todo. Según el último informe (octubre de 2021) del Índice Global del Hambre, «los conflictos violentos pueden paralizar todos los aspectos de un sistema alimentario. En las regiones en conflicto se destruyen las cosechas, se roba el ganado y se expulsa a la gente de sus tierras».

Explica el International Food Policy Research Institute, responsable de este índice, que «los conflictos violentos son una de las principales causas del hambre en ocho de los diez países con niveles de hambre alarmantes o extremadamente alarmantes».

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