La pandemia de covid-19 cumple hoy dos años. La peor crisis sanitaria del planeta en el último siglo ha dejado atrás casi seis millones de muertos, 500 millones de personas contagiadas y la esperanza de que la vacunación, la concienciación del mundo, la solidaridad entre gobiernos y los avances científicos puedan curar las cicatrices que el virus ha dejado en los seis continentes y aplaquen su impacto en los años venideros.

Los avisos habían llegado, pero nadie los tomó muy en serio. Los científicos llevaban años advirtiéndolo, pero los gobiernos nunca quisieron atajar los riesgos. Películas, series y novelas de ciencia ficción centraron sus temáticas en esta posibilidad, pero pocos imaginaron que se haría realidad. 

Y llegó: el 11 de marzo de 2020 la OMS declaró la pandemia por covid, una herida que, dos años después, ha dejado un mundo marcado por el miedo, la desconfianza, las protestas y los problemas en la salud mental. El mundo que deja la pandemia es otro muy diferente al que existía hasta el 10 de marzo de 2020.

 

Abrazos para la nueva normalidad
 

 

Por JUAN CARLOS MARTÍNEZ.

Han crecido la desconfianza, la incertidumbre, el descontento… «Aunque no podemos generalizar y decir que todo el mundo está peor psicológicamente que antes, sí que los datos son bastante preocupantes», señala a 20minutos Rocío Rodríguez Rey, profesora investigadora en el departamento de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas.

«Encontramos niveles mayores de tristeza, empeoramiento del estado de ánimo y más niveles de ansiedad», añade. «Han aumentado otro tipo de problemáticas como los trastornos de alimentación, y los psicólogos estamos viendo un aumento del número de personas que buscan atención psicológica, que dan el paso y se deciden a buscar ayuda».

No se puede decir que el mundo no hubiera pasado antes por ese tipo de situaciones. La peste negra, que asoló Europa en el siglo XIV, o la gripe de 1918, que acabó con la vida de hasta 40 millones de personas, son solo dos de los referentes históricos sufridos. 

A principio de siglo las alarmas saltaron por el avance durante meses de la gripe A (H1N1)  —se inició en México— y del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS)— un coronavirus (HCoV-EMC/2012) detectado en la Península Arábiga—, con varias decenas de muertos.

España había vivido en 2014 el primer caso de trasmisión de ébola fuera de África. Una auxiliar de enfermería resultó infectada al atender a varios pacientes que habían sido trasladados desde ese continente. En todos esos incidentes se vieron las primeras imágenes de sanitarios enfundados en trajes de protección biológica. Pero los contagios no fueron masivos. Y llegó el virus y con él los primeros brotes…

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Por CARLOTA CHIARRONI y JORGE MILLÁN.

 

Tras un confinamiento, seis olas e innumerables variantes, la pandemia ha dejado imágenes imborrables: el colapso en las UCIs con una cifra de ingresos que rebasaba las capacidades de los hospitales en todo el mundo, la población asomada a los balcones ante la prohibición de salir a la calle, los niños encerrados en casa y sin poder acudir presencialmente a las escuelas, las calles vaciadas y el extraño momento en que el bullicio se sustituyó por el silencio, mientras esperábamos en nuestras casas buenas noticias con los dedos cruzados…

 

  

 Dos años después, 10 millones de personas (que se sepa) se han contagiado en España y más de 100.000 han perdido la vida a causa de una enfermedad sobre la que aún hoy existen infinidad de incógnitas. Seis olas después, millones de dosis mediante, la vida no es la misma y el virus tampoco.

  

 

DATOS DE TODA LA PANDEMIA

– 31 de marzo de 2020: día con más muertos: 849.
​- 12 de enero de 2020: 179.125 casos en 24h, récord.
– 3 de enero de 2021: 372.766 en tres días.
– Fin de semana con más casos: el 3/1/21 con 372.766 en tres días.
– ​Récord incidencia: 3.418 casos, 21/1/21.
– ​Dato de vacunación: 91% de la población mayor de 12 años cuenta en febrero de 2022 con pauta completa.

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Gráfico de los síntomas de la variante ómicron del coronavirus SARS-CoV-2.
 

 

Los síntomas del SARS-CoV-2 han ido evolucionando a la par que el virus ha ido mutando. Con la actual variante predominante, ómicron, los síntomas reportados por las personas contagiadas, muchas de ellas ya vacunadas con dos o incluso tres dosis, han sido de menor gravedad que los que se sufrían con variantes anteriores como delta, beta, alpha o la original de Wuhan, cuando además la población no estaba vacunada porque las inyecciones estaban todavía desarrollándose.

Desde el inicio de la declaración de la pandemia de covid-19, hace ahora dos años, la lista de potenciales síntomas de covid no ha dejado de incrementarse gracias a la multiplicidad de variantes, abarcando desde el dolor de estómago hasta la pérdida del olfato y el gusto, pasando por los más comunes: fiebre, tos y dificultad para respirar. Ahora, el listado se ha actualizado con moqueo en la nariz, el dolor de cabeza, el cansancio (moderado o severo), los estornudos, el dolor de garganta, dolor en la parte inferior de la espalda y dolor muscular.

Una empleada se desinfecta con guantes en Alemania.
Una empleada se desinfecta con guantes en Alemania.
Britta Pedersen/EP

Los epidemiólogos han advertido durante las últimas semanas de que ha habido «confusión» al hablar de ómicron como una variante de carácter más leve similar a una gripe, pues su gran transmisión ha causado en términos absolutos más fallecimientos que las dos oleadas anteriores en España. Si bien en términos relativos la mortalidad global de la covid-19 ha descendido desde el 5% de marzo de 2020 al 0,9% actual.

Igualmente, los expertos inciden en que la forma de protegerse de ómicron y su subvariante (‘sigilosa’) es la misma que para las anteriores cepas: la vacunación, las mascarillas (especialmente cuando tenemos síntomas o si nos relacionamos con personas vulnerables), la distancia interpersonal y la ventilación de espacios interiores.

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"Los próximos meses, serán duros", indican. "Lo peor está por llegar".
Los ecos de la primera ola. «Los próximos meses, serán duros», indican. «Lo peor está por llegar».
Jorge París

 

La UCI, ese lugar en el que absolutamente todo pita, se ha quedado en mute. Ya no hay sonido agudo, rítmico, el de las máquinas que libran una lucha a vida o muerte con la covid. Dos años después de aquel tsunami que fue la primera ola, el virus no es el mismo; las UCI tampoco.

La señora del box 24 se coloca las gafas, se atusa un poco el moño y vuelve la vista al móvil. Está despierta, tranquila, relajada. Nada parece indicar que está ingresada donde nadie querría estarlo: la unidad de cuidados intensivos, estancia en la que solo ingresan los pacientes más graves del hospital Ramón y Cajal. Caminar por esta zona ahora no tiene nada que ver con hacerlo en abril de 2020, cuando este medio entró por primera vez para contar cómo se vivía la pandemia en el lugar más castigado por el virus.

Entonces, la escena dolía porque la gravedad de los pacientes se palpaba: todos estaban intubados, boca abajo, en prono; solo uno de ellos era consciente de lo que pasaba. Y las camas ocupaban hasta los quirófanos. Ahora, solo hay cinco pacientes covid en una unidad de 24 camas (en el pico más alto, llegó a haber más de 100). Todos, independientemente de su gravedad, están despiertos. Alguno, incluso, saluda con la mano.

Tras cinco olas al frente de una de las UCI covid, David Pestaña vuelve a sus labores como jefe del servicio de Anestesiología. «El hospital ha cambiado, ya no es un hospital de guerra».

Varios sanitarios trabajan en la UCI del Ramón y Cajal en marzo de 2022.
Varios sanitarios trabajan en la UCI del Ramón y Cajal en marzo de 2022.
JORGE PARÍS

P. Hace dos años contaba que era terrible mirar a los pacientes y pensar cuál de ellos iba a morir.

R. Sí, sabías que de cada tres pacientes que ingresaban, le tocaba a uno. Era una sensación horrible.

R. Afortunadamente, no. La primera ola nos vino de sopetón. Solo ingresaban los que estaban peor, boqueando, era una cosa espantosa. En la primera ola prácticamente todos estaban intubados. Ya no.

 

Con él coincide Raúl de Pablo, jefe de la unidad de cuidados intensivos. «Ahora estamos muchísimo más tranquilos, aunque es verdad que los meses de diciembre y enero fueron malos». Ómicron, esa variante más contagiosa pero menos letal, volvió a presionar las UCI, pero trajo consigo dos cambios.

 

Una sanitaria vigila a una paciente en la UCI del Ramón y Cajal.
Una sanitaria vigila a una paciente en la UCI del Ramón y Cajal.
JORGE PARÍS

El primero, la aparición de pacientes con covid y no por covid. «Ya no vienen todos con neumonías bilaterales», detalla Rocío González, supervisora de enfermería, «sino que pueden ser pacientes con pancreatitis que dan positivo en PCR, pero su ingreso no era por eso. El paciente covid es, salvando las distancias, un paciente respiratorio más». El segundo cambio, añade De Pablo, que «la mortalidad ha bajado en estos dos años radicalmente. Ahora tenemos una supervivencia por encima del 90% que antes no teníamos».

 

P, Pero aún hoy muere gente.

R. Menos que antes, pero sí, aunque la mayoría en planta.

P. ¿Cómo es eso posible?

R. En la UCI no ingresamos enfermos terminales. No es un sitio en el que se venga a morir. Otra cosa es que la batalla la acabáramos perdiendo.

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Actas de la pandemia (ancho II)
 

 «Probablemente, el Sistema Nacional de Salud (SNS) se está enfrentando al reto más importante». Con esta advertencia, que poco después se quedaría corta, cerró el exministro de Sanidad Salvador Illa la reunión extraordinaria de Consejo Interterritorial de Sanidad del 12 de marzo, dos días antes de que el Gobierno decretara el primer estado de alarma que confinó a los españoles para afrontar la primera y mortífera ola de la pandemia por covid. Figura en el acta correspondiente a la reunión de aquel día, una de más de 100 que se celebraron con carácter extraordinario desde aquel aciago mes de marzo de 2020 hasta la actualidad. 20minutos tuvo acceso, a través del Portal de la Transparencia, a 116 actas de los Consejos Interterritoriales que recogieron la gestión de la pandemia y que fueron publicadas en exclusiva desde el 1 de febrero.#

  • Encarna Samitier

    Por ENCARNA SAMITIER

En las primeras semanas, reflejan la angustia, las dudas y las preocupaciones de todo tipo que asaltaron a los consejeros autonómicos a medida que iban aumentando los contagios, se evidenciaba que no había material sanitario suficiente y que médicos y enfermeros se iban contagiando. El 12 de marzo, la urgencia quedaba patente en un comentario del consejero de Castilla-La Mancha. «Expone que tienen un problema importante con las PCR y con los EPI y sobre todo con las mascarillas».

 

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Las primeras reuniones monográficas para tratar la evolución de la covid muestran cómo Gobierno y comunidades pasaron de contar los casos que se detectaban e China o en Italia a la urgencia para hacer de «planes de contingencia» para las UCIS en los hospitales españoles, cuando la transmisión pasó de puntual a comunitaria y de centrarse en tres comunidades -Madrid, País Vasco y La Rioja- a estar descontrolada en todo el territorio.

«Mantengan alerta a los servicios jurídicos por si hubiera medidas para implementarlas con agilidad», pidió Illa a los consejeros el 9 de marzo, cinco días antes de decretarse el estado de alarma y cuando el ministro todavía calculaba que era posible no tener otra reunión hasta cuatro días después. Error. A partir de ese momento los encuentros telemáticos entre los consejeros se sucedieron de forma diaria, en una semana que desembocó con el decreto que confinó a toda la población.

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Fernando Simón se coloca la mascarilla durante su comparecencia este lunes.
Fernando Simón se coloca la mascarilla durante una comparecencia.
RODRIGO JIMÉNEZ / EFE

 

Bajar al supermercado con guantes, pero sin mascarilla. Guardar escrupulosamente la distancia de seguridad en la fila y no acceder al interior hasta disponer de la inexcusable ración de gel hidroalcohólico, dispensaba por un empleado del establecimiento. Era solo el inicio del ritual que la mayoría de los españoles seguía cada vez que, durante el confinamiento domiciliario en plena primera ola de covid-19, acudían a hacer la compra. Sin embargo, no acababa ahí. El ceremonial continuaba con la desinfección de los productos al regresar a casa e incluso el lavado de la ropa empleada.

Dos años más tarde, resulta impensable entrar en una tienda de cualquier tipo desprovistos de mascarilla, y parece aún más incomprensible que la ciudadanía lo hiciera en uno de los momentos más crudos de la pandemia. Sin embargo, iba en línea con las recomendaciones de las autoridades, que en marzo de 2020 insistía en mantener una buena higiene de manos, cubrirse con el codo al estornudar y toser y evitar tocarse nariz, boca y ojos, pues las manos «facilitaban la transmisión».

 

«No es necesario que la población utilice mascarillas, aunque puede ser interesante en los pacientes con sintomatología»

«No es necesario que la población utilice mascarillas, aunque puede ser interesante en los pacientes con sintomatología. No tiene ningún sentido que la gente ahora esté preocupada por si tiene una o no en casa«, decía el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, el 26 de febrero de 2020. De hecho, no fueron obligatorias hasta el 20 de mayo.

Desde entonces, la ciencia ha estudiado el SARS-CoV-2 en profundidad, hasta concluir que el contagio se produce por gotas y partículas respiratorias y que la infección a través de superficies es poco frecuente. «La medida más eficaz en cuanto a equipos de protección es la aplicación correcta de mascarillas. Como mucho, ante el riesgo de la transmisión por mucosas, tiene cabida la utilización de pantallas. El tema de fondo al decir que no se usaran es que no había stock. Si dices que son importantísimas y no hay en el mercado, generas un conflicto», dice Juan Antonio Sanz Salanova, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria (SEMPSPGS).

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La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha autorizado este martes, 1 de febrero, el ensayo de fase III de la vacuna de HIPRA contra la COVID-19.
 

La pandemia parece estar diciendo adiós, pero con ella no se irá de momento la vacunación. En el horizonte, está pendiente la decisión sobre si será necesario vacunar contra la covid una vez al año, como con la gripe estacional, al menos a la población más vulnerable. En lo más inmediato, los esfuerzos seguirán centrándose en poner dosis de refuerzo a los adultos y en intensificar la donación internacional de dosis. Sueros habrá, porque España participó en una nueva compra conjunta con la UE de 2.000 millones de unidades para 2022 y 2023, a las que, si todo va según lo previsto, podría sumarse otra más, desarrollada en España por el laboratorio Hipra.

Con el 91,1% de la población mayor de 12 años y una cobertura que ya no se mueve más que muy levemente, la vacunación contra la covid tras la fase aguda de la pandemia se centrará en seguir vacunando, pero especialmente para administrar terceras dosis.

Ciudadanos madrileños hacen cola en el Wizink Center para recibir la vacuna de la covid-19.
Ciudadanos madrileños hacen cola en el Wizink Center para recibir la vacuna de la covid-19.
Jorge París

Las llamadas dosis de refuerzo -o booster, su término en inglés- fueron muy bien atendidas entre la población más mayor, pero a medida que iba descendiendo la edad, han sido cada vez menos quienes han acudido a ponerse la tercera dosis. Según el Ministerio de Sanidad, el 79,4% de los mayores de 40 años la tienen ya puesta. Pero este porcentaje es una medida que abarca desde 92,6% entre los mayores de 70 hasta el 59,6% de la población entre 40 y 49 años. El porcentaje desciende todavía más entre quienes tienen 30 y 39 (41,8%) y de 20 a 29 (33,6).

De este modo, todavía queda población para que las autoridades sanitarias dirijan sus llamamientos sobre vacunación. Se encontrarán con algo que los expertos consideran inevitable, la -afortunadamente- mejora de la situación, que hará que disminuya la sensación de riesgo, ya de por sí menor entre la población más joven, y que raramente ha enfermado de gravedad por covid

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Por A. COBOS y A. LARRAÑETA.

Desde la voz omnipresente de Fernando Simón en todos los televisores de los españoles hasta el tenista Novak Djokovic que se convirtió en alegato del movimiento antivacunas. Políticos, médicos y expertos, que aún sin conocerlos, nos han acompañado durante estos dos largos y duros años de pandemia.

No solo fueron rostros. También la pandemia nos ha hecho interiorizar palabras que hasta entonces no habíamos formulado nunca. ¿Alguien sabía lo que era una proteína spike antes del coronavirus? ¿Conocíamos los laboratorios Jansen, o AstraZéneca? ¿Quién iba a decirnos que Madrid tendría un hospital dedicado a la enfermera Isabel Zendal?

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La pandemia, de la A a la Z
La pandemia, de la A a la Z.

 

A. ANTICUERPOS: Los expertos explican que el papel fundamental de un anticuerpo es reconocer cuerpos extraños dentro y sobre el cuerpo e impedir que causen ningún daño. Los anticuerpos hacen esto de varias maneras diferentes, pero todas ellas consisten en lo mismo: reconocer a los invasores externos y ayudar a eliminarlos. Los anticuerpos se producen como reacción del organismo para defenderse del virus, por eso les llamamos defensas. Tener anticuerpos no es sinónimo de ser inmune a una reinfección, pero dan muestra de que se ha estado infectado de covid-19.

B. BROTES: Se considera brote a efectos oficiales de notificación a Sanidad cualquier agrupación de 3 o más casos con infección activa en los que se ha establecido un vínculo epidemiológico. Se considera brote abierto aquel que ha tenido casos en los últimos 28 días, teniendo en cuenta la fecha de inicio de síntomas o de diagnóstico.

C. COVID-19. Es la enfermedad causada por un nuevo coronavirus llamado SARS-CoV-2. La OMS se enteró por primera vez de este nuevo virus el 31 de diciembre de 2019, después de recibir notificación de un grupo de casos de ‘neumonía viral’ en Wuhan, República Popular de China. La enfermedad por coronavirus (COVID-19) es una enfermedad infecciosa. El virus puede propagarse en gotículas o aerosoles desde la boca o la nariz de una persona infectada en pequeñas partículas líquidas cuando tose, estornuda, habla, canta o respira.

D. DELTA: Los virus cambian constantemente a través de mutaciones y estas mutaciones suelen dar lugar a una nueva variante del virus. Es una variante de covid que se ha dado el código B.1.617.2. Fue identificada por primera vez en India. Se cree que es una de las de mayor propagación, por detrás de ómicron, la última variable más extendida y causante de la sexta ola. Además puede causar casos más graves que otras variantes, dijeron los expertos.

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ARACELI GUEDE | PABLO RODERO | BELÉN SARRIÁ | JAVIER LÓPEZ MACÍAS

José Antonio desmontó su puesto en el Rastro el 8 de marzo sin imaginar que iba a tener que esperar ocho meses para que el mítico mercadillo madrileño regresase. Ese día, Margarita tampoco sabía que no volvería a estar con sus hijos hasta junio. Ni a Carmen se le pasaba por la cabeza que el piso de 35 metros cuadrados en el que había empezado a vivir con su marido y sus tres pequeños se convertiría en una jaula. Solo una semana después, sus vidas cambiaron. Y también las del resto de los españoles.

El 15 de marzo de 2020 fue el último domingo del invierno. La primavera estaba a la vuelta de la esquina, pero España amaneció sumida en uno de sus días más tenebrosos. Desde la medianoche del sábado 14 había quedado prohibido salir de casa salvo en contadísimas excepciones.

Un virus desconocido, con una alta mortalidad, se propagaba con gran rapidez y el Gobierno decretó el estado de alarma como la única forma de luchar contra él. Lo que en un primer momento iban a ser quince días se fue alargando durante semanas y aún hoy no hemos podido volver a la normalidad.

La covid nos ha arrebatado muchas cosas, pero sobre todo nos ha arrebatado vidas. 72.258, según las cifras oficiales del viernes, a lo que se suman los efectos que la crisis sanitaria ha tenido sobre otras enfermedades. Vidas como las de Antonia, Rosa, Juan Carlos, Antonio, Manuel, Abel…

Personas cuyos seres queridos no solo tuvieron que hacer frente al sufrimiento por la pérdida sino también al dolor de no poder despedirse de ellas. El confinamiento también llegó a los tanatorios y hasta eso nos arrebató la pandemia: el derecho al último adiós.

Aquellos 52 días de confinamiento estricto sirvieron al menos para doblegar la curva de la primera ola. Pero la idea de que el virus estaba vencido fue solo un efímero espejismo. En agosto llegó una segunda oleada, que si bien no se presentó tan virulenta, resultó ser la antesala de la tercera. Especialmente después de Navidades los datos de contagios y fallecidos volvieron a dispararse y sobrevoló la posibilidad de un nuevo encierro domiciliario. Y así hasta seis olas completas, con la duda de si habrá una séptima.

La llegada de las vacunas contribuyó a que la incidencia tienda al descenso y el fantasma de regresar al aislamiento en casa suena ya a pesadilla, a una realidad sin precedentes. Un drama de mil caras a la que 20minutos se acercó entonces a través de José Antonio, Margarita o Carmen.

También Laura, Fernando, Vicenta, Ana, Juan Pedro, Mar, Beatriz, Carlos, Salva, Besha o Alicia nos permitieron contar cómo estaban viviendo los ciudadanos aquellos instantes marcados por calles vacías y un silencio atronador que solo las sirenas de las ambulancias y los aplausos en homenaje a los sanitarios rompían.

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Mascarilla y el futuro de la covid.
 
 

 

La ‘nueva normalidad’ post pandemia incluye también el debate de gripalizar la covid y se ha olvidado ya de las cuarentenas por contacto estrecho con un positivo en covid, independientemente de su estado vacunal. La inmunóloga del CSIC Matilde Cañelles se reconoce «optimista» porque no estamos como a principios de 2020, pero al mismo tiempo recuerda que la pandemia aún no se puede dar por superada. «Estamos en un momento completamente distinto», ómicron ha supuesto un «cambio de etapa» porque «estamos aumentando la inmunidad colectiva entre infecciones y terceras dosis».

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ESPECIAL 20MINUTOS | TEXTOS: Clara Pinar; Carlota Chiarroni, Jorge Millán, África Albalá; Lolita Belenguer; Amaya Larrañeta; Araceli Guede; Juan Carlos Martínez y Javier López, Pablo Rodero y Belén Sarriá | MULTIMEDIA: Jorge París, Bieito Álvarez, Adrián Cobos, Patricia Antón, Agencia EFE y EP | ILUSTRACIONES: Henar de Pedro y Carlos Gámez | MAQUETACIÓN: Álex Herrera COORDINACIÓN: Héctor M. Garrido

 

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