La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) aconseja no combinar las bebidas energéticas con bebidas alcohólicas, dado que su ingesta conduce a una disminución de la percepción de intoxicación etílica. Además, recomienda no tomarlas para rehidratarse tras realizar alguna actividad deportiva.

Así lo defendió en un documento con recomendaciones en relación a este tipo de bebidas, que, a su juicio, deben ingerirse «ocasionalmente y eligiendo los formatos de menor tamaño» y siempre consultando antes con el médico en caso de tomar alguna medicación de forma habitual.

En paralelo, recordó la importancia de evitar su consumo en el caso de colectivos como los de niños y adolescentes, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, personas con hipertensión o problemas cardiovasculares y aquellas que padecen alteraciones del sueño.

Estos consejos derivan de las conclusiones del Informe sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas, elaborado por su comité científico y aprobado en febrero de 2021 y cuyas conclusiones llevaron al ministro de Consumo, Alberto Garzón, a anunciar la puesta en marcha de un conjunto de medidas para aumentar el conocimiento de la población en torno a los riesgos para la salud inherentes al consumo de estas bebidas, que en España toman uno de cada cuatro menores.

Dicho comité hizo hincapié en que las bebidas con alto contenido en cafeína son aquellas que aportan más de 15 miligramos de esta sustancia por 100 mililitros de bebida y que el etiquetado de esas bebidas tiene que informar del contenido de cafeína, expresado en miligramos por 100 mililitros (miligramos/100 mililitros).

Efectos en el organismo

Según los expertos, «normalmente, de media» las llamadas bebidas energéticas contienen 32 miligramos de cafeína por 100 mililitros y aquellas con azúcares pueden contribuir a exceder la ingesta diaria recomendada de azúcares simples, ya que una lata de 250 mililitros aporta entre 27,5 y 30 gramos y el envase de 500 mililitros, entre 55 y 60, cuando la OMS recomienda 50 gramos al día.

Además, subrayaron que un consumo excesivo de cafeína puede provocar efectos fisiológicos no deseados que van desde la alteración del sueño, tanto en el tiempo necesario para conciliarlo como en su duración, hasta efectos psicológicos y alteración del comportamiento, así como trastornos cardiovasculares.

En paralelo, un consumo regular de cafeína puede causar dependencia física moderada a partir de 100 miligramos/día y tolerancia a esta sustancia, creando, a juicio de los especialistas, «la necesidad de consumir una dosis mayor que la inicial para conseguir un efecto similar al original».

Asimismo, el consumo de más de 60 miligramos de cafeína en adolescentes de 11 a 17 años (unos 200 mililitros de bebida energética con 32 miligramos de cafeína por 100 mililitros) puede provocar alteraciones del sueño y, a partir de 160 miligramos, efectos psicológicos y alteraciones comportamentales y trastornos cardiovasculares.

La Aesan explicó que los efectos adversos generales que podría ejercer la cafeína y otros ingredientes presentes en las bebidas energéticas dependen de la masa corporal. «Cuanto menor sea tu peso, más alteraciones producirá en tu organismo, tenlo en cuenta al consumir estas bebidas», apostilló.

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