El acusado de matar de 41 puñaladas a un hombre en plena calle en el barrio donostiarra de Gros en marzo de 2020 ha sido condenado a 20 años de cárcel por un delito de asesinato, mientras que su novia, que había sido procesada por encubrimiento, ha sido absuelta.


Federico Martín Aramburu, el jugador de rugby asesinado.

La Audiencia Provincial de Gipuzkoa ha establecido además, según la sentencia a la que ha tenido acceso EFE, que el autor de este crimen debe indemnizar a la madre del fallecido con 60.000 euros y a la hermana con 50.000, las mismas cantidades que había solicitado el fiscal el pasado día 8 tras hacerse público el veredicto del tribunal del jurado que ha juzgado este caso.

¿Qué ocurrió?

La sentencia recoge los hechos que el jurado declaró «expresamente probados», es decir, que en la madrugada del 14 de marzo de 2020, tras un altercado verbal en un bar porque la víctima intentó bailar con su novia, el acusado abordó al fallecido en la plaza de Cataluña y allí le asestó 41 puñaladas.

Lo hizo con un cuchillo de cocina de 21,5 centímetros de largo que cogió en su vivienda, a la que se había dirigido tras la disputa, aunque después regresó de nuevo al pub, el cual abandonó junto al fallecido, quien presentaba un alto grado de intoxicación etílica.

Al llegar a la plaza de Cataluña y pese a que la víctima le dijo «vale, perdona, perdona, perdona», el acusado la abordó «de forma sorpresiva» con el cuchillo aprovechando su estado de embriaguez.


XX

En el momento del ataque, según precisa el fallo judicial, la víctima «se hallaba en un plano inferior, tendida en el suelo». Recibió la mayoría de las puñaladas, un total de 28, en la región dorsal, y el resto salvo una, en el tórax, con «heridas penetrantes en cavidad torácica y abdominal , laceraciones en pulmones, corazón, ventrículo derecho, hígado, bazo, riñones y hombro».

La otra cuchillada entró por la región temporoparietal izquierda del cuero cabelludo, donde quedo clavada la punta del cuchillo (ocho milímetros). En el cuerpo se apreciaron asimismo «heridas defensivas en manos, brazos y antebrazos».

Tras el crimen, el autor volvió a su domicilio, donde estaba su novia, a la que conocía desde hacía unos dos meses y que vio a su pareja con la ropa ensangrentada y con un cuchillo. También observó cómo metía las prendas en una bolsa de basura, que arrojó a un lugar «que no ha podido ser determinado».

La mujer «no contó nada sobre los hechos que pudiera conocer» por temor a que su pareja pudiera hacerle algún daño a ella o a su familia, un «miedo insuperable», según declaró el jurado, por el que ha sido absuelta.

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