Llevar a la cama a Ana Milán, no es tarea fácil y acabar haciendo la cucharita con ella todavía menos: «Hace mucho tiempo que no hago la cucharita, igual me gusta más de lo que crees», me dice ella entre risas. Y así, sobre una cama del Hotel Emperador comenzamos a charlar de la vida, de secretos de alcoba, como no podía ser de otra manera, porque si a algo no le teme Ana Milán es a contar las cosas que le pasan. «Tenemos unos miedos muy extraños, a todos nos pasan cosas, algunas las contamos y al contarlas hacemos una especie de exorcismo».

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